Conciliación con el propio deseo

Los magos Jamás condenan el deseo. Fue siguiendo sus deseos como se convirtieron en magos.
Todo deseo nace de un deseo anterior. La cadena del deseo jamás termina. Es la vida misma. No consideres inútil o equivocado ninguno de tus deseos, algún día todos se cumplirán.
Los deseos son como semillas a la espera de la estación para germinar. De una sola semilla de deseo nacen bosques completos. Aprecia cada uno de los deseos de tu corazón por trivial que te parezcan. Un día esos deseos triviales te conducirán a Dios.
Fue un día de Navidad cuando Arturo sacó la espada de la piedra. Era una gran hazaña. Una multitud estaba allí para presenciarlo, menos Merlín. Por la noche Arturo pensaba en su destino de ser Rey y en silencio oró: “Te necesito maestro”.
En el silencio de la noche apareció en su habitación su hermano adoptivo, Kay y le preguntó:
“¿Cómo te encuentras?. Arturo respiró profundamente y le dijo: “Alza un poco la luz y mira los objetos que hay sobre mi cama. Pedí la ayuda de Merlín y aparecieron estas tres cosas. Este muñeco fue mi primer juguete. Tendría dos años cuando Merlín lo hizo para mí. Esta honda rota la hice con piel de venado y una horqueta cuando tenía ocho. Este espejo agrietado lo encontré en el bosque cuando tenía doce años. ¿Sabes que tiene en común? Kay sacudió la cabeza. Fueron las cosas más importantes que tuve, cada una en su momento, y ahora míralas”.
“Basura inservible” dijo Kay.
“Sin embargo, siento una enorme dicha al verlas porque sé que Merlín estuvo conmigo todo el tiempo. Verás, cuando tenía dos años deseaba solo juguetes, cuando tenía ocho solo deseaba cazar golondrinas y ardillas y cuando tenía doce sólo deseaba mirarme al espejo para saber si le gustaría a las chicas. Aunque dejé atrás todas estas cosas, cada una de ellas fue un peldaño para llegar a este momento. También algún día depondré la corona, aunque sea mi único deseo y destino ahora. Porque será el momento que ella será tan trivial, tan inútil como la honda rota, como el muñeco y tan vana como el espejo. Creo que es eso lo que Merlín quiso que viera”.
Sabemos que los deseos son muy importantes para nuestro corazón, y aunque vamos por la vida deseando cada vez más cosas, siempre estamos desechando nuestros viejos deseos como si nunca hubieran tenido importancia.
“Eres humano y en tu naturaleza está el desear más y más. El deseo es lo que te impulsa en la vida hasta que llega el momento en que deseas una vida superior. Por lo tanto no te avergüences de desear tantas cosas, pero tampoco te engañes pensando que lo que deseas hoy será suficiente para mañana” le decía Merlín a Arturo.
Para Merlín no existe razón para emitir juicios contra los deseos. “El deseo arrastra a los mortales a todo tipo de desasosiegos, pero es parte del plan de Dios que tengan deseos. Para descubrir la verdadera naturaleza del deseo debes comenzar sin juzgar. Honra a todos tus deseos, guárdalos en tu corazón. No luches para obtener lo que deseas, confía en que tu espíritu superior te ha hecho concebir el deseo, y deja en sus manos el que éste se torne realidad. Verás que el aspecto malo del deseo no está en el deseo mismo, sino en la lucha de los hombres por hacerlo realidad. Considera al deseo como la disposición para recibir lo que Dios desea dar. Este mundo es un regalo. El creador no fue obligado a hacerlo. Sólo tu capacidad para recibir es lo que limita la capacidad de Dios para darte lo que deseas. Si juzgas a tus deseos, entonces estarás juzgándote a ti mismo. Si pudieras ver la forma de cumplir todos tus deseos- que es lo que Dios quiere para ti todo el tiempo- te darías cuenta que sin el deseo no podrías crecer, sin la fuente de nuevos deseos, quedarías atrapado en la inmadurez perpetua”.
Con estas palabras de Merlín me quedo pensando en lo siguiente: cuantas veces pasamos por situaciones donde alguien necesita de nuestra ayuda y nosotros damos hasta lo que no tenemos para ayudar a esa persona, y cuantas veces somos nosotros los que necesitamos que nos ayuden y nos cuesta mucho pedir ayuda. A veces sentimos vergüenza de pedir lo que necesitamos, otras veces orgullo, mal entendido. Cuantas veces pasamos por situaciones límites donde nos preguntamos el porqué estamos pasando por esto. Creo que la respuesta está en las sabias palabras de Merlín: estamos capacitados para dar y muchas veces la capacidad de recibir no la hemos aprendido. No saber recibir ayuda, es limitar a Dios en su obra de querer darnos lo que más necesitamos.
Muchas veces detrás de la riqueza hay un profundo vacío espiritual, y esto no quiere decir que desear algo material esté mal. El vacío espiritual se creó cuando volvimos los ojos hacia las cosas externas, esas que tanto necesitamos tener, y esperar de ellas lo que no pueden hacer. Las cosas externas jamás pueden satisfacer las necesidades espirituales. El dinero es necesario pero no tiene valor espiritual, no abre la puerta del paraíso.
Los primeros deseos que tenemos en nuestra vida están relacionadas con el placer, con el instinto de supervivencia, con el poder. Nada de esto está mal. No son deseos bajos, son deseos preliminares, como escalones que debemos subir para llegar a otro tipo de deseos. Para ilustrar esto Merlín decía: “No trates de convertirte en un buscador de Dios. Siempre lo buscaste desde tu nacimiento, solo que al principio el Dios al cual buscabas eran tus juguetes, después la aprobación, luego el sexo, el dinero y el poder. Cada una de estas cosas fueron objeto de deseo para ti. Regocíjate en ellas cuando sean los deseos del momento, pero prepárate para dejarlas atrás. Tu gran problema no será el deseo, sino tu apego a las cosas, sentir la necesidad de aferrarse a las cosas cuando el flujo de la vida te pide que las dejes ir.
Tenemos tantos apegos en la vida. Nos cuesta dejar ir recuerdos, cosas materiales y lo más importante. los afectos. Una amiga alguna vez me dijo que el verdadero amor estaba en el desapego de la persona a la cual amamos. Desapego no es sinónimo de indiferencia, al contrario, es saber querer a la otra persona. Porque el apego emocional no nos permite crecer como seres únicos, no nos permite compartir con los demás que están fuera de esa relación. Hoy puedo entender lo que ella me quiso decir. Sin libertad no es posible amar a nadie.
Es sumamente importante comprender la naturaleza de nuestros deseos, reconocer que de acuerdo con el plan divino, todos los deseos están para cumplirse. Dios no nos impide tener todo lo que deseamos. Somos nosotros los que creemos en el fondo que no merecemos tenerlo. Esa forma de juzgarnos crea bloqueos en la vida, pero cuando averiguamos el porqué de nuestra forma de pensar, éstos desaparecen, entonces el camino del deseo se convierte en dicha porque es la ruta más corta y más natural para llegar a Dios. No hay deseo que sea trivial, porque todo deseo posee un significado espiritual. Cada uno es un pequeño paso hacia el día en que deseemos la más elevada realización: conocer nuestra naturaleza divina.

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