El alma del Mago

 


Lección Nº 3
El Mago observa los ires y venires del mundo. Pero su alma habita en el mundo de la luz. El paisaje cambia, el observador permanece igual. El cuerpo es sólo el sitio a lo que los recuerdos llaman hogar.
A nuestro mago interior también podríamos llamarlo “testigo de luz”. El no interviene en el mundo, él solo ve y comprende nuestras cosas. Nuestro mago no descansa, permanece despierto mientras soñamos o dormimos. No necesita ver a través de nuestros ojos.
En un sentido muy espiritual, nosotros podemos “ver” mientras dormimos, porque “ver” significa, estar despiertos a la Inteligencia Universal.
El conocimiento del mago es sabiduría pura, que no depende de lo que pasa en nuestra vida cotidiana. Sin importar lo que suceda allí afuera, nuestra sabiduría permanece despierta.
La luz es una metáfora que utilizamos para hablar de los estados elevados del ser.
“Toda consciencia es Luz” decía Merlín; “y toda luz es consciencia”. Las fronteras que inventamos para dividir el cielo de la tierra, la mente y la materia, lo irreal de lo real, son fronteras creadas por nosotros mismos. Y si las hemos creado, también podemos hacerlas desaparecer con la misma facilidad.
Fuimos creados como videntes a fin de que el mundo existiera como algo para ver. Sin los ojos, el mundo sería invisible. Sin embargo nuestra sabiduría todo lo ve.
“Desearía hacer milagros” suplicó Arturo.
“Este mundo fue creado gracias a ti” replicó Merlín. “No te parece suficiente milagro?”
Para Merlín, nuestro mago, el mundo entero es una forma de hablar consigo mismo.
“Si alguna vez olvidas algo, el bosque te lo recordará” le dijo Merlín a Arturo.
“He olvidado muchas cosas y el bosque no me lo recordó” protestó Arturo.
“No es cierto” replicó Merlín. “de lo único que puedes olvidarte es de ti mismo”.

 

 

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