El apego

“El mayor bien que puedes hacerle al mundo es convertirte en mago”.
Era el último día que Merlín y Arturo estarían juntos. Arturo estaba al lado del camino que conducía al bosque esperando ver a Merlín. Un espeso parche de bosque que había crecido de la noche a la mañana, se lo había tragado y con él, la entrada a la cueva de cristal.
“¿No regresaré jamás, no? Preguntó Arturo lleno de tristeza.
“No hay necesidad de que lo hagas, ya terminaste conmigo” respondió Merlín.
“Dudo que algún día pueda terminar contigo” pensó Arturo. Leyendo sus pensamientos Merlín le dijo: “Quise darte un obsequio de despedida y no se me ocurrió nada más bueno que esto” y le señaló el camino en el cual estaban parados, que también había aparecido de la noche a la mañana.
“Los senderos son la señal del mago, no lo sabías? Recuerda mis palabras. Un mago es aquel que enseña alejándose y cuando tú mismo puedas alejarte, serás un mago. Aunque creas poseer parte de esta tierra, en realidad sólo caminas sobre ella. En espíritu, eres el polvo del camino, la inquietud del viento. Ustedes construyen casas para protegerse del mundo. Para un mago, el hogar es este momento, y los momentos siempre están en movimiento.
Pero alejarte de mí, es el mejor obsequio que puedo darte”. Arturo comenzó a caminar por el sendero con ansias de conocer el nuevo mundo. La imagen de Merlín se desvanecía cada vez más, sin embargo escucho en su interior una dulce vos que le decía: “Te he llevado a los lugares más recónditos de tu alma. Ahora deberás encontrarlos nuevamente, esta vez por ti mismo”.
Con anterioridad ya habíamos hablado del tema del desapego, de la posibilidad de aprender y de recorrer nuestro camino espiritual sin necesidad de crear lazos afectivos de dependencia con nadie. Andar un camino es señal de desapego y los magos enseñan que la verdadera libertad está en el desapego. Una persona libre vive en el espíritu. Sin embargo nuestra vida está llena de apegos afectivos y materiales y creemos que lo que mejor funciona en la vida es el apego.
El primer apego que solemos tener es creernos dueños de la tierra donde vivimos. Alguien nos hizo creer que podemos controlar el destino de la tierra. Creemos que podemos hacer de la naturaleza lo que nos plazca, talando árboles indiscriminadamente, contaminando ríos, destruyendo o ensuciando reservas naturalezas, etc. Sin embargo y a pesar de todo, la tierra tiene un espíritu que supervisa nuestro bienestar. Pero no es posible controlar o poseer ese espíritu. Y aunque los humanos hemos causado daño a la tierra, el resultado final será una vez más causarnos daño a nosotros mismos.
Desapego no es lo mismo que sentir indiferencia. Podemos ver el sufrimiento ajeno y tratar de ayudar a esa persona para aliviarle su dolor, sin involucrarnos en el problema ajeno. Merlín lo explica de esta forma: ” Cuando veas el sufrimiento, apresúrate a aliviarlo, pero cerciórate de no salir con el sufrimiento pegado a ti”. Y esto nos remite al concepto de la “Compasión”. La raíz de la palabra compasión es “sufrir con” y esa es la forma en que la interpretamos. Suponemos que la persona compasiva es la que asume el sufrimiento de la otra, pero si esto fuera así, la compasión duplicaría el sufrimiento en el mundo en vez de aliviarlo. La verdadera compasión no es negativa.
Podemos estar con alguien que esté sufriendo y en un sentido muy literal “sentir” el dolor ajeno, o acompañarla en el dolor sintiéndonos seguros en el espíritu.
Estas veinte lecciones que compartimos juntos, es lo que Deepak Chopra llama “el sendero del mago”, que se originó en el mito y en la memoria profunda de la humanidad. Merlín representaría entonces un espíritu de la naturaleza dotado de gran magia, poder, y sabiduría de espíritu. En el mundo en el que vivimos no hay espíritus de la naturaleza, porque en muchos aspectos decidimos apartarnos de ella para querer conquistar la tierra. Sin embargo sé que están entre nosotros y para encontrarlos sólo hay que dejar de sentir esa necesidad de querer controlar todo para ser “UNO” con el Universo Creador.
Los magos nunca se apartaron de la naturaleza, de modo que no tienen sitio al cual regresar. Nos esperan para acogernos cuando regresemos al espíritu. Sus deseos son, que si deseamos unirnos a la naturaleza, primeramente debemos encontrar nuestra propia naturaleza. “Allá afuera no hay otra cosa que el reflejo de lo que hay aquí, adentro nuestro”. Si deseamos regresar al espíritu, debemos reconocer que nuestro hogar es el momento presente. En el “AHORA” se esconde una energía tremenda, mucho más grande de lo que nuestra mente puede imaginar. Todo el poder presente está en nuestro interior. Cuando estamos presentes en el momento tocamos la fuente de la vida. El tiempo fluye a partir de este momento, porque el pasado ya no tiene poder sobre nosotros, ya no hay retorno posible porque no se puede modificar lo que ya sucedió, ni se puede retroceder en el tiempo, si se puede, construir a partir del momento presente.
En este momento usted es un mago. Ha perfeccionado el espíritu, jamás se ha separado de Dios y de la naturaleza. Lo único que ha sucedido es que en la lucha por no sentir dolor ha comenzado a bloquear el momento presente. La memoria de las cosas que nos ocurren y el deseo de querer olvidar lo que nos hace daño, ocultan al espíritu. Y esto sucede porque en algún momento de su vida empezó a temer por su seguridad aquí en la Tierra. La inseguridad es el motivo por el cual atacamos a la Tierra, porque si confiáramos en que la Tierra siempre tiene todo lo que necesitamos para subsistir, ninguno de nosotros perseguiría la supervivencia de una manera tan frenética.
“Confía en la confianza, ten fe en la fe”, decía Merlín. “Esa es la única solución cuando se han perdido la confianza y la fe. Dentro de nuestro corazón no somos otra cosa que confianza. Apreciemos en silencio la vida que nos sale al encuentro a cada momento y en el presente encontraremos la energía, la abundancia, la paz, la inteligencia y la creatividad. Todos ellos son los obsequios del silencio envueltos dentro del espíritu de la Tierra.

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