Lección Nº 4
¿Quién soy yo? es la única pregunta que vale hacerse y la única que nunca se responde nuestro destino es representar una infinidad de papeles; pero esos papeles no somos nosotros mismos.
El espíritu no tiene un lugar, pero deja detrás de sí una huella que llamamos cuerpo.
Un Mago no es un suceso local, que sueña con un mundo más grande. Un Mago es un mundo que sueña con sucesos locales.
Cuenta la leyenda que Merlín desapareció de la vida de Arturo durante muchos años. Sin embargo un día apareció en Camelot y Arturo, hecho rey, quiso dar un banquete en su honor. Lean el siguiente diálogo…
“Tal vez podría asistir si eres la persona que creo que eres” -dijo Merlín-.
“Pero dime la verdad; ¿quién eres en realidad?”.
Y dijo Merlín en voz alta a toda la corte del Rey Arturo: “le doy esta bolsa de polvo de oro al que pueda decirme quien es esta persona”, e instantáneamente apareció en su mano una bolsa repleta de oro en polvo.
“Todos sabemos que es el Rey”, replicó un joven de la Corte. Merlín sacudió la cabeza y expulsó al joven de la corte.
“¡Es Arturo, hasta un idiota sabe eso!”, gritó una anciana sirvienta. Merlín le ordenó que abandonara el recinto.
Entonces todos comenzaron a ensayar respuestas y se escuchaba “el hijo de Uther Pendragon, el gobernante de Camelot, el soberano de Inglaterra!”, pero Merlín no aceptó ninguna respuesta y uno a uno fueron abandonando la corte.
“Merlín, nos has puesto a todos en una situación embarazosa -dijo Arturo-, pero estoy seguro de saber quien soy, por lo tanto mi respuesta es esta: Soy tu amigo y discípulo”.
Merlín lo escuchó atentamente, se dirigió a la ventana y lanzó el polvo de oro en el aire. “¿Por qué hiciste eso? Gritó Arturo lleno de confusión…
“Tuve que hacerlo, el viento me dijo quien eras”, replicó Merlín.
“¿El viento? ¿Pero si no dijo nada?”, replicó Arturo.
“Precisamente”, contestó Merlín.
Maravilloso diálogo hemos leído. La pregunta es: ¿Quién puede decirnos quienes somos en realidad?
Los Magos, no tienen nombre ni pertenecen a ciclo alguno. “Quien quiera que me llame por mi nombre es un extraño. El hecho de que reconozcas mi rostro no significa que me conozcas”, dijo Merlín.
Cómo dijimos en las lecciones anteriores, vivimos llenos de limitaciones; a cada cosa le ponemos un rótulo y una definición. En nuestra vida como seres mortales lo primero que nos limita son los nombres. Nuestro nombre es una especie de rótulo que dice que nos llamamos “así”, que nacemos en determinado lugar, en determinada hora, que pertenecemos a una determinada familia. Con el correr de los años el nombre define otras cosas. Por ejemplo, que vayamos a una determinada escuela y que sigamos determinada profesión.
Cuando llegamos a los treinta, nuestra identidad está encerrada en un cajón lleno de palabras, de rótulos, que pretenden definirnos como personas. Por ejemplo: “Dr. Pérez, Licenciado en Medicina; católico, educado en la Universidad de…, casado, buen padre de familia”, “María, esposa de…, ama de casa, mamá de…”.
¿Alguien puede saber quien es realmente atrás de cada uno de estos disfraces? Disfraces que iremos adoptando de acuerdo a la circunstancia que nos toque vivir.
El Dr. Pérez, será doctor en su trabajo, papá, esposo y amante en su hogar… Más allá de todos estos rótulos que tenemos a lo largo de nuestra vida ¿quiénes somos en realidad cuando estamos a solas con nosotros mismos? Cada rótulo existente en nuestra vida, atrapa a nuestro espíritu incondicionado, rodeándolo de limitaciones y de condiciones. Estas limitaciones se refieren a nuestro cuerpo en realidad, que pareciera en cierto modo que nos definen como persona y nada está más lejos de ser real. Todos y absolutamente todos somos mucho más que un cuerpo y que cada definición y rótulo que pretenda decir quienes somos. Nuestro destino es representar una infinidad de papeles en la vida, pero esos papeles nos somos nosotros mismos. Nuestro espíritu habita en un maravilloso templo que es nuestro cuerpo y que lo vamos limitando con cada rótulo.
El Mago es un mundo que sueña con sucesos locales. No hay fronteras que le limiten, no tiene límites, ni rótulos que lo determinen, simplemente “es”. Es consciencia, es Luz.
Decía Merlín: “Este cuerpo es como un nido al cual llegan mis pensamientos… está bien decir que esta envoltura de carne y hueso soy yo, pero sólo si esa colina, si esa pradera y ese castillo también soy yo”.
Merlín decía que en nuestro cuerpo llevamos colgados nuestras creencias, nuestros temores, sueños, prejuicios y todo esto se manifiesta en cada palabra, en cada gesto, en cada sonrisa y en cada mirada.
Pasamos por la vida representando papeles y cada papel que actuamos es una limitación. La mayor parte del tiempo nos experimentamos a través de una limitación. “Algo” o “alguien” o un determinado lugar nos dice en nuestra mente si esto que hacemos está bien o está mal y que aquí, en este lugar debemos comportarnos de esta manera.
Creemos que asumir un gran número de papeles en esta sociedad tan demandante y exigente en que vivimos significa ser “completos”. Está bien visto y aceptado ser “buen padre de familia”, “profesional” y encima “exitoso”. Yo me pregunto: ¿Para quién somos completos?
Para el mago ser completo significa liberarse de todo papel. “Soy un espíritu libre reducido a la apariencia de este pequeño cuerpo” diría Merlín.
Podemos tapar el Sol con un dedo; pero acaso su Luz ¿no llena todo el cielo?
Dejar de representar papeles es de por sí difícil, pero hay un momento en la mañana, cuando despertamos, ese instante donde ningún pensamiento viene a nuestra mente… es un instante de consciencia pura, somos nosotros mismos. Esta experiencia de simplicidad se repite en pequeños momentos del día pero no nos damos cuenta. Nos identificamos con cada pensamiento. Sin embargo, en realidad “no somos lo que pensamos”. Es difícil creer esto ¿no? Pero los pensamientos que pasan por la cabeza no son nuestros, le pertenecen al nombre que tenemos, al lugar donde estamos pensando y a la situación que en ese momento estamos viviendo. Por ejemplo: si tú, que está leyendo estas páginas eres hombre y estás preocupado por tu hijo, no eres tú el que tiene estos pensamientos; “es el padre”; es el papel que en ese momento estás adoptando para esa situación. Cada papel que adoptamos tiene su gran importancia pero llega el momento en que esos papeles terminan y entonces debemos confrontarnos con la eterna pregunta: ¿quiénes somos en realidad? Enigma que jamás descifraremos. Sin embargo creo que podemos trascender más allá de cada uno de nuestros papeles.
Cuando la belleza de una flor te maraville, obsérvala, regocíjate en ella, luego detiene la atención en quien la está observando. Eres tu quien la está observando. Tú eres el “observador” y te darás cuenta que no hay límites ni fronteras entre la flor y tú. Puedes proyectarte en esa maravillosa flor y formar parte de ella y ella permanecer en ti. No hay límites para nuestra sabiduría interior. Nosotros somos creación divina y la Creación también es parte de nuestro Ser. Si puedes encontrarte a ti mismo en la belleza de una flor, si puedes reconocerte en el sufrimiento ajeno, te habrás encontrado a ti mismo. Somos “Uno”, con la Creación Divina, no lo olvides.
Busquemos durante el día ese estado de quietud, de silencio, de paz, que no tiene nombre ni rótulos y encontraremos a un Ser esperando por nosotros. Todos tenemos nuestra propia Cueva de Cristal, ese lugar que nos pertenece únicamente a nosotros, donde las palabras son tan dulces como el silencio, aquel lugar donde se encuentra el verdadero tesoro de la vida: nuestra Sabiduría Interior.
Discúlpame, antes de que cierres esta página quisiera preguntarte algo… ¿quién eres tú?




