Lección Nº 10
“Todos tenemos un Yo sombra, que es parte de nuestra realidad total. El Yo sombra no está aquí para lastimarnos, sino para señalar nuestro vacío. Cuando acogemos a la sombra, esta sana. Cuando sana, se convierte en amor. Cuando aprendamos a vivir con nuestras cualidades opuestas, viviremos nuestro Yo total, al igual que el Mago.”
“Parece que nunca te sintieras solo”, le dijo Arturo a Merlín.
“Es imposible sentirse solo. Ustedes los mortales no pueden sentirse solos porque tienen un gran número de personalidades en lucha dentro de ustedes mismos. A los magos les es imposible sentirse solos, porque no tienen personalidad alguna dentro de ellos”, replicó Merlín.
“No comprendo, quién más dentro de mí, salvo yo mismo?”, preguntó asombrado Arturo.
“Primero debes preguntar qué es esa cosa a la que llamas tú mismo. A pesar de la sensación de ser una sola persona, en realidad eres una combinación de muchas personas y tus múltiples personalidades muchas veces no se llevan bien, todo lo contrario. Cada una de ellas lucha por ocupar tu cuerpo, “contestó Merlín.
Cuando escudriñamos nuestro interior nos damos cuenta que existen muchas personalidades que compiten por saber cual es la que predominará sobre la otra. Cuantas veces pasamos por situaciones donde no sabemos que nos pasa realmente en nuestro interior. Sentimos que emergen puntos de vista diferentes, y nos sentimos confundidos. Esos puntos de vista a veces son tan dispares el uno del otro que provocan conflictos internos.
Después están los papeles con los cuales nos identificamos en nuestra vida: padre o madre, hijo, hermana, hermano, hombre o mujer, sin dejar de mencionar los papeles que representamos en nuestro ámbito laboral: médico, abogado, sacerdote, etc.
Cuando nacimos esas personalidades no estaban en pugna porque éramos bebés, y los bebés no tienen conflictos con sus deseos. Para ellos no existe el concepto del Bien y el Mal hasta el momento en que crece lo suficiente para aprender esos conceptos.
Merlín dice que nos convertiremos en Mago cuando comencemos a pensar nuevamente como lo hacen los bebés. ¿Cómo piensa un bebé?, sencillamente “sintiendo”. Cuando se le presentan sensaciones, pueden sentir si le traen placer o dolor, y responden a ello. El bebé no siente la inhibición de desear el placer y evitar el dolor.
Poco a poco el bebé comienza a crecer y se empiezan a escuchar las vocesitas interiores, primero la vos de la madre que dice “si” o “no”,” eres un niño muy bueno”, “eres un niño malcriado”. Todo esto va formando lo que se llama “mensajes parentales”, que van formando paulatinamente la personalidad del niño. Cuando lo que dice mamá o papá concuerda con lo que el bebé desea, no hay problemas. Los problemas surgen cuando no coordinan las necesidades del bebé y lo que sus padres esperan de él. El conflicto es inevitable. Entonces empiezan a chocar los dos mundos, el interior, sus propios deseos, y el exterior, la realidad cotidiana, donde están las personas más importantes, nuestros referentes a nivel afectivo, que son nuestros padres. Entonces el bebé aprende a dudar de lo que siente. Lo que antes era: “Esto es lo que deseo”, ahora es… ¿Está bien que desee esto?.
Durante muchos años, esta pregunta se repite una y otra vez. ¿Cuántas veces nos preguntamos si está bien o está mal lo que tenemos pensado hacer?. Todo esto va generando sensaciones de duda, temor, culpabilidad, que muchas veces por no demostrarlo, las vamos guardando en nuestro interior, una sobre otra. Las sensaciones que guardamos siempre están ahí, permanecen vivas, por más hondo que pretendamos guardarlas. Y alguna vez saldrán a la luz. Todos los conflictos interiores que vamos guardando son los que Merlín llama el Yo-Sombra. Nuestra mente es como una cárcel donde guardamos todo, lo bueno y lo malo, pero a la vez somos prisioneros de todo lo que nos marca en la vida. Cuando somos adultos aprendemos, que a veces no es bueno dejarse llevar por lo primero que sentimos, ya sea porque “no corresponde, por buena educación, por tacto, o por hacer lo que alguna vez nos enseñaron lo que debíamos hacer en determinadas circunstancias”, entonces aprendemos a guardar las energías negativas. Somos como una bomba a punto de estallar en cualquier momento.
“Nada es fácil. Toma nota que eres carcelero y prisionero a la vez. Si eres ambos lados de la moneda, entonces ninguno de los dos extremos puedes ser tú mismo, ya que se anulan entre sí. Reconoce esto, y serás libre”, le dijo Merlín a Arturo.
Es necesario ponerle fin a las guerras internas y buscar la paz interior. Pero no es posible comenzar a resolver nuestros conflictos internos si no sabemos de qué están hechas nuestras personalidades interiores. Todas las personalidades están hechas de lo mismo, alguna vieja energía adherida a un recuerdo. Por ejemplo ¿Quién no recuerda haber sido castigado de niño por alguna cosa que en realidad no hizo?. La energía del resentimiento queda adherida al recuerdo, y comenzamos a formar un fragmento de la personalidad con nombre propio” un niño resentido” que vivirá con esa energía hasta el momento que esa energía sea liberada. También tenemos recuerdos asociados a gratos momentos que hemos vivido, sin embargo tendemos a revivir más las cosas que nos dañaron que las cosas buenas. Nada más dañino para nosotros mismos que traer al presente lo que nos hizo sentir mal en el pasado. Sin embargo es tan bueno traer a la mente los gratos momentos, cuando estamos pasando momentos difíciles… Esto tiene que ver con la capacidad de sentir “Gratitud” por la vida en sí misma, más allá de que en este momento tengamos mucho por resolver todavía. Gratitud por lo que tenemos y aún por lo que no tenemos, con la total certeza de que “eso” que tanto anhelamos para nuestra vida, ya está preparado para nosotros, y listo a venir para hacerse realidad.
El conflicto resultante es el que hace que la vida sea tan ambigua, tan llena de luz y de sombra a la vez.
La mejor manera de liberar las energías negativas, es reconocer que está allí. No las niegues por más dolorosas que sean. Cuanto más las niegues más las enterrarás, pero cuidado, que seguirán estando allí hasta el momento en que te hables a ti mismo y te digas “es así como me siento”. No importa demasiado si no puedes decirle a otra persona lo que te sucede en tu interior, es mucho más valedero y más difícil mirarse al espejo y “ver” lo que nos está pasando. No te olvides que tú puedes ser tu peor enemigo negando lo que te pasa. Cuando reconozcas lo que te sucede, habrás ganado la mitad de la batalla, lo demás, la solución al problema viene solo, porque en un espacio de rendición, el corazón queda sin tapujos y se abre al amor. Cada problema tiene su razón de ser, y a la vez guarda en sí mismo la solución, sino no sería un problema.
Reconocer que algo nos sucede, es una forma de aceptarse tal cual cómo uno es, y aceptarse es una de las tareas más difíciles que nos toca en esta vida pero a la vez más reconfortante, porque uno comienza a ser libre. Y ser libre es saber perdonar, no solo a los otros sino a nosotros mismos, por las veces que nos equivocamos, por sentir alguna vez vergüenza, por haber obrado mal, por haber herido a alguien, por haber dicho que sí, y por no haber dicho un “no” a tiempo, por tantas otras cosas más. que no importan, porque ya pasaron y no se puede volver atrás, lo que sí importa es lo que vamos a hacer “AHORA”, porque el pasado ya no tiene poder, el poder está en el momento presente. Reconocer que nos equivocamos es un acto de valentía y amor a uno mismo. Si no nos perdonamos a nosotros mismos, quién nos perdonará?. Después de todo estamos AQUÍ, para aprender de cada una de las experiencias que se nos presenta en la vida, cuando nos dejemos de equivocar. ya no estaremos aquí. Libera tus sombras y encontraras a un sol maravilloso que lleva tu nombre.
Antes de despedirme me gustaría hacerte una pregunta ¿Cuántas veces te miraste al espejo y te dijiste lo mucho que te amas?




